domingo 7 de febrero de 2010
Te lo dije, el pequeño desastre que origino.
jueves 4 de febrero de 2010
Baby get crazy.
viernes 29 de enero de 2010
Paleta de colores.
lunes 25 de enero de 2010
Maldita dulzura.
jueves 21 de enero de 2010
Amanecer charlando con cara de locos.
domingo 17 de enero de 2010
Everybody knows you cried last night.
Buscabas sin saber. Mirabas sin entender. La realidad no es como te la pintan. Ni ahora ni en unos años. Cabezas pensantes en camisetas ajustadas. Zapatillas de colores en pies demasiado grandes. Me pillas de sorpresa. Le dije sin creer ni ser consciente aún de lo que se me venía encima. Después de eso, lo aceptas. Y aunque cambiarlo sea algo imposible, te mantienes al margen. Ellos eran fotomatones escondidos. Sofás rojos en salones de casa. Tazas de café tras intentos de libros fracasados. Canciones terminadas. Y 1999 que no dejaba de retumbar en cada esquina de su propia casa. Cada noche entrelazaban sentimientos tras postres demasiado calientes. Es una tontería lo sé. Pero no podía evitar que se rompiera algo dentro de mí al enterarme. Tenía miedo. De todo. De que pasara como siempre. Cuando mejor van las cosas más facilidades hay a que todo se derrumbe sin previo aviso. Seguían siendo utopias en lata. Y seguirán siendo pelos oscuros tras ojos escondidos. En el fondo era miedo, inseguridad. De que apagaran la luz y nada siguiera en su sitio. Pero no. Ya no. Todo sigue. El mundo va a seguir dando vueltas y sé cómo dar la talla. Fotos en Tirso de Molina, comprando tabaco cada tarde de Madrid. Es adicción. Puro vicio. Y cada día me gustan más. Ellos. Lo que fueron. Lo que son. Y lo que llegaran a ser en mi vida. Es raro, diferente. Pero.. ¿a que mola? La cuadratura del círculo.
martes 12 de enero de 2010
Chairs to sit and sidewalks to walk on.
"El lunes cuesta, el martes imposible sin tu voz". Y no podía quitarse esa frase de la cabeza. Lineas de metro que se entrecruzan en andenes. Metros sin fin que no dejan ver los ríos de gente. Mientras la ciudad se sumía en su rutina diaria, ella seguía en su burbuja mientras se sentaba en el metro. Llovía. Y hacía frío. Y pese a eso seguía llevando zapatillas. Según su madre por muchas capas que llevara no se iba a salvar del frío que helaba cada esquina de espacio. Nunca desayunaba y se llevaba una mandarina y una manzana para disimular su interés. De camino al metro sólo las farolas la acompañaban en su recorrido. Engañaba al estómago con el cigarrillo de las mañanas. Y aunque el frío se notara cuesta arriba, no se despegaba de su gorro naranja. Billetes de metro que vienen y van. Y en el vagón no cabe nadie. Proxima estación: Alonso Martinez. Y media población se mezcla entre abrigos de colores. Zapatillas de tela, y el ipod derrapa en Sidonie. Ella ha llegado al final del destino. Y saltan ellos. Leones. Dicen que hay canciones que marcan tu existencia. Que dejan recuerdos imborrables en la mente. Las que te hacen sonreir por viejos amigos o incluso las que tienes que llegar a borrar del reproductor por experiencias pasadas que no deseas volver. Quizás era orgullo, prejuicio, recuerdos, amistad o la voz que le decía que era una de las mejores canciones que había escuchado nunca. Llevaba una hora despierta. Martes. Día después de un día de nieve. Llueve y sigue sin llevar paraguas. Desperfectos claves. Ambulancias. Naves. Y hace ya mucho tiempo del 23 de diciembre. Y sin saber por qué. Le echa de menos. Sin razón lógica, médica o científica alguna. Hoy es su día. Y la calle Serrano tiene demasiados puntos de choque. Quizás, ¿mañana? O no. Somos bichos raros, lentos y asustados.
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